Carina Ambrogi
Especial
ambrogicarina@gmail.com
Cuando Alejandro Ganna llegó a San Marcos Sierras, en la mística
localidad de tres mil habitantes del norte cordobés, buscaba una nueva
vida que lo alejara de los desengaños y apuros de la gran ciudad y lo
acercara al trabajo agropecuario.
El campo que eligió para quedarse está rodeado por un túnel de
árboles centenarios que pertenecía a un escritor y agricultor español
que lo destinaba a la producción de frutales y verduras en invernadero,
con algunos olivares que guardaba de antaño casi de manera ornamental.
El antiguo propietario había sembrado los olivos en la época
en que España, el primer proveedor de aceitunas del mundo, registraba
una merma de rendimientos, y esta región de la provincia fue catalogada
como muy apta para el cultivo. Pero el precio que tuvo posteriormente
no hacía viable su producción.
"Pese a la gran infraestructura que había montada para los
invernaderos, que era lo que en ese momento resultaba mas rentable, mi
primera caminata por el campo me contactó con las imponentes plantas de
olivo, que desde hacía mas de 50 años estaban en el lugar casi
abandonadas", recuerda Ganna en diálogo con La Voz del Campo.
Manejo orgánico. Con esta corazonada, compró el
predio de casi dos hectáreas y comenzó con el proyecto que hoy lleva
como nombre Mangalah, un emprendimiento familiar que mediante la
producción y elaboración orgánica y artesanal de aceite de oliva extra
virgen de primera prensada, intenta reactivar las plantaciones
olivareras de la localidad y reactivar la economía regional.
"Mangalah es un nombre de origen sánscrito que significa
alimento sano, cualidades de lo bueno, bienestar, y resultado de lo
feliz", cuenta Natasha Tristán, quien acompaña a Alejandro en el
emprendimiento desde sus inicios.
Para garantizar que el producto final guarde estrecha
vinculación con el nombre que lo bautiza, tanto el proceso de
producción como la elaboración en planta está certificada por
Argencert, una empresa dedicada a la certificación desde 1991, que
garantiza la calidad orgánica de un producto desde su origen hasta el
producto final.
La inspección y certificación que la firma acredita según la
Guía ISO 65, permiten que los productos certificados ingresen con total
reconocimiento al mercado orgánico nacional e internacional; además de
facilitar la entrada a los países con mayor demanda: Unión Europea,
Estados Unidos, Suiza y Japón entre otros. Para esto, es necesario que
el manejo del cultivo siga las normas que lo enmarcan dentro de lo
orgánico.
En el caso de los olivos, Ganna comenta que el primer paso fue
organizar la poda, que debe atender al ciclo natural del olivo con la
idea de lograr un ejemplar sano y fuerte. Cada uno ocupa una extensión
de 10 metros cuadrados, es decir 100 plantas por hectárea, un marco
tradicional que hoy están tratando de incrementar para llegar a 300 por
hectárea. La poda se realiza de manera manual; según el productor, ésta
es una de las principales diferencias con la producción intensiva.
La poda intensiva se realiza con dos palas mecánicas
paralelas, que deja la copa del árbol cuadrada. "El problema es que
quedan las ramas florecidas y se vuelve propicia para la proliferación
de bacterias, por lo que después de podar se le aplica fumigación
química mediante diversos fungicidas y pesticidas" explica.
En forma manual no se poda más de 40 por ciento del árbol y
sólo en lugares que no permitan la floración y armonicen la estructura.
Finalmente se pintan las ramas podadas para sellarlas con un mastic
natural hecho a base de cera de abeja y aceite. Este proceso garantiza
la menor proliferación de enfermedades, que hasta el momento no han
registrado a excepción de la cochinilla que extraen con aceite natural.
La fertilización la realizan en setiembre y marzo, con un
abono generado a partir del guano de cabra, un mantillo que sale del
monte, orujo (una pasta que queda de la prensada de la aceituna), y
materia que extraen de los pozos descompostados.
Aplican riego por canales cada 23 días aproximadamente, a
excepto en los períodos previos a la cosecha, para que la aceituna no
tenga mucha cantidad de agua. El rendimiento que obtienen con este
sistema es de entre ocho mil y 10 mil kilos de aceitunas por hectárea;
este año fue superior al anterior y esta tendencia viene creciendo
desde que comenzaron con el modelo, hace sólo cinco años.
Elaboración artesanal. La planta elaboradora del
aceite extra virgen tiene una capacidad mayor de la que alcanzan con la
materia prima propia del establecimiento. Por ello visitan a los
productores de la zona y seleccionan los ejemplares que desean sean
cosechados para ellos.
El proceso de extracción se inicia el mismo día en que se
reciben las aceitunas; comienza con el paso desde una tolva, que las
almacena, a un molino que las muele hasta convertirlas en pasta.
Después de amasarse la pasta queda homogénea, y sube por un
cargador metálico hacia un carro. Allí se arma la "gran torta" que se
prensa hasta obtener agua vegetal y aceite . Lo que queda de esta
prensada además es el orujo, el material sólido que después se utiliza
como fertilizante.
En este proceso, en que se utiliza calor para separar el agua
del aceite, resulta determinante que nunca se pasan los 27 grados
centígrados; eso asegura que se conserve la calidad de la aceituna
porque mantiene las enzimas y poli fenoles vivos.
El aceite se almacena en un tambor con control de temperatura,
humedad y oxígeno de acero inoxidable, que ha almacenado hasta la
actualidad un promedio de tres mil litros anuales.
Las variedades que están en producción actualmente son la
Acequia, Frantoio, Manzanillo y Coratina, cuya mezcla después del
proceso ofrece como resultado un aceite mono varietal que presentan
para la comercialización sólo o saborizado con ajo, provenzal y pesto,
entre otros.
En los cinco años que vienen trabajando con este producto han
logrado clientes en Córdoba, Rosario, Tucumán, Salta y Santa Fe. En el
exterior fue aceptado por su calidad por un distribuidor en Estados
Unidos, pero no concretó la operación porque el precio no les resultaba
conveniente.
Respecto de la rentabilidad de las producciones orgánicas,
Ganna tiene su visión. "Creemos que hay una escala de producción para
todo y hay una escala de calidad en relación a la cantidad. Es decir se
puede hacer producción limitada de gran calidad y es rentable, pero si
se pretende masividad hay riesgos de perder calidad. Creo que el
mercado alternativo es absolutamente rentable pero hay que saber donde
y de que manera venderlo", aclaró.
Contactos: info@mangalah.com;![]()

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